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Voluntariado ambiental en Marruecos, Nicaragua y Guatemala

Tres voluntariados, tres países, tres misiones diferentes: Lara, madrileña ambientóloga comparte con nosotros sus experiencias de voluntariado ambiental y social en Marruecos, Nicaragua y Guatemala. ¡No te pierdas sus vivencias y sus consejos!

¡Nada más y nada menos que tres voluntariados! ¿Puedes contarnos dónde tuvieron lugar y a través de qué organismos?

El primero de ellos fue con y durante la universidad en colaboración con una pequeña asociación de un pueblo al sur de Marruecos. Luego con un programa de Cooperación con Centroamérica, también con la Universidad de Alcalá me fui a León, Nicaragua, un verano. Y el último fue en Guatemala, por cuenta propia.

¿Qué tipos de actividades desempeñaste en cada uno de ellos?

En Marruecos nos encargamos de hacer una valoración de cómo afectaba el turismo a un pequeño pueblito del sur de Marruecos, pegado al desierto del Sahara. Aunque no sea masivo, deja un impacto brutal en el medio y en la población. Realizamos un estudio del terreno, los recursos naturales y humanos y qué papel jugaban los turistas y la población local.

En Nicaragua estuve en un programa de cooperación y colaborando con la asociación FUNDAR con el PEA (Programa de Educación Ambiental). Daba clases de Educación Ambiental a niñas y niños en las comunidades rurales.

También participé en un programa de reforestación de manglar y creando un vivero para tortugas marinas.

En Guatemala, por cosas del destino pude conocer a Las Poderosas, un grupo de mujeres que hacen teatro autobiográfico sobre la Violencia de Género. Me ofrecí a colaborar con ellas documentando el montaje y los ensayos de una obra de teatro y posteriormente algunos de los talleres de género que impartían.

¿Qué te motivó a involucrarte en un proyecto solidario y cuáles eran tus expectativas?

Cada voluntariado ha tenido sus distintas motivaciones.

Yo estudié Ciencias ambientales en Madrid, mi carrera es mucho de medio natural y social. A Marruecos fui porque una de mis profesoras montaba todo el viaje y era una oportunidad de oro para cambiar de tercio con todo lo que había estudiado. Es decir, lo que me ha seducido muchas veces de estos voluntariados tanto Marruecos como Nicaragua, es poder conocer la diversidad de ecosistemas del planeta, de formas geológicas, conocer las distintas problemáticas ambientales, cómo cada comunidad las va resolviendo o se va adaptando a los cambios. En resumen, poder aprender más y desde otro punto de vista colaborando al mismo tiempo con las distintas asociaciones y directamente con personas de esos países.

¿En qué consistía tu día a día como voluntaria ambiental y social?

En Marruecos, vivía con una compañera en una familia, desayunaba con ellos y luego nos íbamos a trabajar. Hacíamos lo que tocara ese día; había días que íbamos a estudiar la zona y hacer los estudios del terreno, otros días hacíamos estudios de aguas o a veces teníamos que ir a los hoteles de la zona para ver cómo gestionaban los residuos o los recursos como el agua con la que existe una gran problemática, ya que es escasísima en esa parte de Marruecos y sin embargo todos los hoteles de la zona cuentan con piscinas enormes. En esos hoteles, por supuesto, no siguen la forma de vida de las familias del pueblo y los turistas pasan las vacaciones completamente desconectados de la realidad generando un impacto ambiental durante sus vacaciones igual o mayor que el que produce una familia a lo largo del año.

En Nicaragua era similar, trabajábamos por las mañanas, dependiendo del día, nos movíamos a las comunidades a dar charlas, hacíamos reforestaciones o preparábamos el vivero. Esta vez viví en una residencia de estudiantes, por lo que teníamos más libertad después del trabajo. Los fines de semana aprovechábamos para viajar por el país.

Y en Guatemala al ser por mi cuenta era más flexible. Los lunes iba al teatro a hacer fotos de los ensayos y el montaje y luego cuando había que ir a otras comunidades a hacer los talleres, viajábamos y pasábamos allí los días que fueran.

Durante un voluntariado pueden forjarse vínculos muy fuertes con la población local y con aquellos a los que ayudas, ¿cómo fue en tu caso?

Con mis compañeros voluntarios se creó un círculo muy especial, son personas a las que les guardo mucho cariño y siempre intentamos hacer quedadas. Las experiencias inolvidables unen mucho.

Con las personas a las que ayudas suele ser más complicado mantener el contacto, a veces no hablan tu idioma o no tienes forma de ponerte en contacto con ellos. Pero igual guardas un recuerdo muy bonito con ellos. Y con los que mantienes el contacto, sabes que si vuelves te acogerán con los brazos bien abiertos.

¿Qué tienes que preparar en tu mochila y en tu mente antes de hacer un voluntariado ambiental y social?

En la mochila lo mínimo y absolutamente necesario. La mochila además hay que cargarla y acabas metiendo un montón de cosas que luego no usas ni un solo día.

Lo que hay que hacer es preocuparse por saber a dónde vas, cual es la situación climática y cultural del país, para adaptarte lo mejor posible.

Lo que no puede faltar bajo ningún concepto son las ganas de disfrutar, de conocer, de relacionarse con otra gente y aprovechar para conocer a otras personas, otras formas de vida, otras realidades completamente distintas a las tuyas. Intentar no desentonar, adaptarte a la vida que allí se lleva, minimizar tu impacto.

Lo bonito de esa experiencia es que da igual que tú consideres que vas bien preparado, te sorprenderás porque hay cosas que no se pueden prever y te dejan totalmente alucinada.

¿Alguna situación difícil a la que te hayas enfrentado?

Situaciones difíciles en sí no han sido, pero hay adaptaciones muy duras. Ninguno de los países está al mismo nivel de desarrollo que Europa y tienes que estar mentalizado, porque no puedes pretender ni como voluntario ni como turista, tener las comodidades que tienes en tu casa sin dejar un impacto considerable. Es difícil ver con tus propios ojos otras realidades y concienciarte de que todos somos responsables de ellas.

¿Algún momento que con tan sólo recordarlo te saque una gran sonrisa?

Recuerdos que me saquen una gran sonrisa muchos. Pero uno que recuerdo con especial cariño fue en Marruecos. Vivía con una familia de escasos recursos, la madre era viuda y tenía tres hijos y no hablábamos el mismo idioma, era bastante caótico a la par que divertido. Con la única que podía medio entenderme era con la hermana mayor, ambas chapurreábamos francés. Cuando la veía hacer los deberes y escribir en árabe pero con letra de niño pequeño me hizo mucha gracia, siempre me saca una sonrisa.

¿Crees que la experiencia que te ofrece un voluntariado puede llegar a cambiar por completo a la persona que lo realice? ¿Qué te aportaron a ti estas vivencias?

Completamente. Hay personas a las que les cambia más que a otras. Te puede despertar por completo o puede quedarse como un simple viaje exótico en otros casos. Cada persona lo vive a su modo, y puede repercutir más o menos en tu vida.

También hay voluntariados muy distintos, ahora se hacen cada vez más y no sé hasta que punto la gente va con idea de concienciarse socialmente y ambientalmente y ser consecuente con sus actos durante el voluntariado/viaje o de ir de vacaciones a un sitio exótico y hacerte fotos con niños y paisajes de ensueño de fondo.

Para mí la experiencia fue super enriquecedora. Te abre mucho la mente, te saca de tu molde, ves que hay vida más allá de tu barrio. Conoces a gente maravillosa, disfrutas de otras culturas y el sentimiento de acogida es enorme.

¿Qué le dirías a aquellos que se estén planteando aportar su granito de arena a través de un voluntariado?

Que adelante, es una oportunidad de hacer cosas y acercarte a gente, que no tienes de otra manera. Es una dosis de realidad que si verdaderamente te implicas, te abre los ojos de golpe y te cambia la forma de ver el mundo.

Que vayan con humildad, que el trabajo que se hace en ese tipo de voluntariados, (dependiendo del tiempo que vayas) es ínfimo.

Pero creo que es importantes que miren bien con quién van a hacer el voluntariado ya que se está dando una problemática con todo esto porque hay empresas y organizaciones que suplen puestos de trabajo con trabajo voluntario y esto pues, no está bien. Ser voluntario cuando eres estudiante o cuando estás haciendo un trabajo no cualificado es lo mejor que puedes hacer, o bien para coger experiencia como es mi caso o por aprovechar la experiencia, convivir con gente del lugar, introducirte poco a poco y colaborar con lo puedas. Cualquier opción es válida, pero hay que hacer un poco de denuncia y separar bien lo que es un puesto de trabajo y lo que puede ser una ayuda de voluntariado.

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