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El blog de viajes by Chapka

4 motivos por los que NO deberías viajar a África

Sara y David de Retratos Viajeros

Para nosotros, África es otra cosa. Otro mundo. El continente más diferente de todos. Para lo bueno, increíble y para lo maravilloso… pero también para lo malo. Viajar por África ha roto todos nuestros esquemas, nos obliga adaptarnos a otro ambiente, a otra velocidad y a otra forma de hacer las cosas. A una forma completamente diferente de de vivirlas y de sentirlas.

Es cierto que esto solo se percibe cuando uno se involucra con su destino, cuando se decide a no pasar de puntillas y a vivirlo de cerca. Para nosotros no hay otra forma de viajar, pero no todo el mundo opina igual. Por eso, cada vez que alguien nos pregunta si le recomendamos alquilar un 4×4, coger una tienda de campaña y lanzarse a la aventura, como hicimos nosotros, le damos nuestros 4 motivos para no viajar por África.

Fotos y texto por Sara y David, del blog Retratos Viajeros

elefante con colmillos caminando en africa

África es un caos

En África, los animales son los dueños y circulan libremente por todos lados. En cualquier calle de cualquier ciudad te darás un día la vuelta y te sobresaltarás al encontrarte a un facóquero con sus crías pasando a 2 metros. También, más de una vez, cuando vayas conduciendo tendrás que esperar a que una manada de elefantes termine de cruzar la carretera, con sus andares lentos y sosegados, viendo cómo los más pequeños tropiezan una y otra vez y son sus madres las encargadas de corregir sus pasos.

Tendrás que esquivar cebras, jirafas y antílopes en más de un camino y, muy posiblemente, tengas que dar algún que otro frenazo porque un oryx temerario ha decidido que el mejor momento de cruzar la calzada ha sido justo ese, y lo verás pasar con esa manera suya de moverse y con sus enormes y peligrosos cuernos casi rozando tu 4×4.

mujeres tribu africana africa

Y eso por no hablar de los africanos, con esa calma suya tan característica, contestando siempre que todo está bien y que no hay ningún problema aunque se os caiga el cielo encima. Sonrientes mientras negocian mezclando indistintamente monedas de varios países para entrar a una de las mayores reservas de elefantes, rinocerontes o hipopótamos del mundo. Un auténtico caos.

Nada va a salir como lo habías planeado

Como comentábamos, África funciona a otro ritmo y, posiblemente, no sea el ritmo que habías imaginado. Muchas cosas te saldrán mal, fatal o peor. Los mapas no coincidirán con los caminos que te encuentres, tu GPS casi nunca tendrá cobertura y posiblemente te perderás mil y una veces. Acabarás durmiendo en un desierto de sal, entre un millón de estrellas, o en un bosque cualquiera calentándote al calor de una hoguera.

Cuando tengas prisa, te tocará conducir sobre grava, tendrás que sortear baches y rezar para no quedarte atrapado en un camino de arena. Y, por mucho que cruces los dedos, seguramente haya algún día en que pinches, que te salga de la carretera o que te quedes bloqueado en un banco de arena, donde tendrás que quedarte muy quieto dentro del coche mientras una leona vigila muy atenta a sus cachorros, que están bebiendo agua de un río.

Te darás cuenta, mientras asciendes una de las imponentes dunas del desierto del Namib para ver el amanecer, que andar 2 km por arena no es andar 2 km, sino 5 o 10 km, porque allí la arena te atrapa y no quiere soltarte (¡además de meterse por todos lados!). Descubrirás que en las cataratas Victoria siempre llueve, aunque no haya nubes, y toda tu ropa acabará empapada por ese humo que truena (y moja), tus fotos saldrán repletas de gotas de agua y tus ojos tan abiertos como si el sueño de una vida acabara de entrar en ellos. Todo esto antes de que entiendas que, aunque tú tenías unos planes, África y la Naturaleza tenían los suyos propios.

manada de leones hembra en africa

Las comodidades escasean

En un viaje así, tendrás que sacrificar las comodidades. Habrá veces que llegues a un camping en medio de la nada y descubras que no hay agua porque una manada de elefantes decidió arrancar las tuberías esa misma mañana. Los mismos elefantes que te mirarán mientras preparas la cena o te duchas en el camping siguiente, con un agua calentada a cubos en una fogata.

Tendrás que montar y desmontar la tienda a oscuras, con tu frontal y con la única compañía de la luna y de los zorros, hienas y otros animales que de vez en cuando se pasan a saludar. Llegarás a la única gasolinera en cientos de kilómetros y te dirán que no tienen gasolina y no podrás dejar de parar por el camino para comprar las frutas, leña, cristales de sal y tallas de madera que te ofrecerán los lugareños en los arcenes.

paisaje desierto africa con un arbol

Verás cómo tu coche, tu ropa y tu mochila se van cubriendo de polvo y de tierra cinco minutos después de lavarlos. De una arena anaranjada que se resiste a salir de tus zapatillas, pese a que hace más de una semana que bajaste corriendo por la Duna 7. Todo estará lleno de la arena de las dunas del desierto del Namib, de la que recubre los picos de granito de Spitzkoppe, de la que verás en los caminos del Parque Nacional de Moremi o en Etosha. Y, quizás, entonces, no te sientas tan distinto a las mujeres himba que utilizan esa tierra rojiza para cubrir su cuerpo, para trenzar su cabello. O a los elefantes, que se embadurnan de barro en cada oportunidad que tienen para resistir las altas temperaturas y proteger su gruesa piel del sol.

Es un viaje agotador

Para aprovechar la luz, para conseguir llegar al siguiente destino, pondrás cada día el despertador antes de que amanezca. Tendrás que recoger, desmontar y organizar a oscuras, mientras el cielo se tiñe de rojo y naranja, mientras el sol va surgiendo en el horizonte y su luz comienza a dibujar los perfiles de la sabana.

Tendrás que hacer cientos (miles) de kilómetros tediosos por carreteras en las que el objetivo es no salirse, no pinchar, y en las que la única diversión es ir contando jirafas, antílopes, ñus y águilas en el horizonte… o identificando los  personajes de “El Rey León” con los que te vas cruzando, desde Simba a Rafiki o Zazú.

Llegarás, más tarde que pronto, a sitios donde podrás sentarte a ver el atardecer con una cerveza Windhoek o una Kilimanjaro bien frías, viendo como un rinoceronte, un elefante o un grupo de jirafas se han quedado tan embobados como tú viendo ponerse el sol, con su imponente silueta recortándose en el horizonte hasta el anochecer

Girafas, lago y la Sabana  atardecer en África

Como la iluminación artificial escasea, después de cenar no habrá otra cosa que hacer que acercarse a ver una charca de agua en la que los animales beben al anochecer, ignorando tu presencia, bajo un cielo en en el que no hay más luz que la de la luna y los miles de estrellas que inundan el firmamento. Noches en las que solo rompe el silencio el aullido de una hiena o el barritar de un elefante.

Y, si después de leer estos cuatro consejos, aún te apetece viajar por África… solo te podemos dar la enhorabuena. Estás a punto de descubrir un continente diferente, increíble, único. Un lugar que te va a dejar huella, un lugar al que querrás volver una y otra vez. Un lugar donde la indiferencia no existe. Tampoco las prisas. África nunca es fácil, pero siempre merece la pena.

elefante de frente sabana africa

2 comentarios

Fernández López
Fernández López

22 junio 2019

Gracias por su información

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Alejandro
Alejandro

18 marzo 2023

Solo me habéis dado mas ganas de hacerlo, gracias

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